Cómo podar una planta de kiwi

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Si has llegado buscando información sobre cómo podar kiwi, debe ser que hace poco te interesaste y/o adquiriste uno para tu granja personal. Por tanto, has de saber que la poda del kiwi es un procedimiento importantísimo para que dé buena fruta. 


La poda, por si has llegado de pasada y no sabes muy bien que significa, es el proceso de corte o supresión de brotes y ramas con el principal objetivo de eliminar las partes más secas, es decir, las que ya no nos serán útiles para dar fruta, y de esa misma forma estimular el crecimiento de la fruta.

La planta de kiwi agradece muy bien las podas, como la Eugenia Myrtifolia (https://ornamentalis.com/eugenia-myrtifolia/), que para los que conozcan de jardinería, ya sabrán por dónde van los tiros a la hora de cuidar de nuestra planta de kiwi.


Primeros pasos para podar Kiwi

Para empezar con ello es fundamental saber, y tener muy en cuenta, que la poda del kiwi variará si nos encontramos con lo que se conoce como un “ejemplar masculino” o un “ejemplar femenino”, y también que hay distintas etapas en la poda.

Primeramente, nos encontraremos en la etapa de poda de formación, una que suele estar entre los dos, tres o incluso cuatro primeros años. Esta poda ha de hacerse en invierno, y sirve para evitar que el kiwi contraiga hongos, enfermedades, o que surjan cualquier otro tipo de problemas.

Se hace mientras la planta está inactiva o vegetativa, y también gracias a esta poda conseguiremos que siga el camino que nosotros deseamos. En el primer año, se realizará un corte o despunte del tallo una vez haya alcanzado el centímetro de grosor, para favorecer la vigorosidad del nuevo tallo.

Durante el segundo año, nuestro único trabajo será ir cortando o limpiando los brotes nuevos que vayan surgiendo a fin de que la planta alcance una altura acorde con la estructura que habíamos escogido; una vez la altura esté cerca de la estructura, se dejarán dos ramas principales de las cuales irán divergiendo en más ramas.

A partir de ahí, dejaremos que el kiwi siga creciendo libremente, aunque quitando los brotes que vayan surgiendo de la caña o tallo principal. A su vez, hay que ir cuidando las ramas que vayan saliendo de los caños o tallos superiores, dándoles la forma que queremos, cortando las partes que sean necesarias y se ajusten a nuestra estructura, sin que se enreden las ramas, para que no se ahoguen. 

Las yemas del kiwi

Una vez haya crecido lo suficiente, buscaremos que se tengan entre 15 a 20 yemas, y se cortará justo después, preferiblemente, de una yema gruesa y fuerte. Esto se debe a que el kiwi no crece en madera del año pasado, sino en los brotes que sale sobre esa misma madera. Esa es la razón de dejar el brote vivo.

Sin embargo, los que no se hayan desarrollado lo suficiente, habría que cortarlos o despuntarlos para que se vigoricen, y así se hagan más robustos. De igual manera, hay que guiar correctamente el kiwi durante sus primeros años y mientras se realicen estos cortes, ya que una vez que las ramas del kiwi se fortalezcan, será muy difícil mover dichas ramas o caños y al intentar moverlas o reconducirlas podríamos llegar incluso a romperlas. 

Aquí surge el problema, esto sería el procedimiento inicial si nos encontramos con un kiwi cuya flor sea femenina, pero el procedimiento cambia si la flor es masculina. 

Limpiar el tronco

En este caso, de igual manera, iremos limpiando el tronco o caña principal, como con la hembra. Pero en este caso nos será posible dejar más de dos ramas principales. Lo más importante sería buscar que el árbol vaya cogiendo forma de copa, para esto habría que cortar justo después de una yema que mire hacia arriba, que será la que nos de esa forma de copa que buscamos.

Es decir, habría que ir fijándose en cada una de las yemas a qué dirección iría el nuevo brote que saldría. Algo que puede sernos útil es fijarnos que durante la poda intentemos situar el macho por encima de la hembra, para así si tenemos más de un árbol hembra, poder polinizar más cantidad con un solo macho. De igual manera, siempre que crezcan brotes que nos interesen por su altura, cuando sean flexibles, es recomendable guiarlos hacia las hembras, pero siempre teniendo cuidado de que esas nuevas ramas no quiten luz a las hembras. 

Después de esta poda de formación durante los primeros años de vida del árbol, pasamos a la de fructificación o mantenimiento. Para esta poda es importante recordar que el kiwi es un árbol que da fruta en las ramas crecidas sobre las ramas del año anterior; sabiendo esto buscaremos las ramas que ya hayan dado frutas para podarlas, puesto que ya no darán más; y las que no hayan dado fruta las dejaremos, puesto que, en vez de crecer fruta, crecerán ramas o cañas las cuales sí darán fruta el siguiente año.

Intuitivamente ya sabemos más o menos que ramas cortar, pero hemos de fijarnos en las ramas que tengan cañas que hayan dado frutas, ya que alguna de esas cañas puede aún no haber dado frutas, y ahí se pueden renovar los brotes con nuevas cañas y salir fruta. A su vez, las que todas sus cañas hayan dado fruta, es preferible cortarlas. También es fundamental buscar la vigorosidad de la planta, si una rama no ha dado fruta, pero aún es muy débil, es preferible cortarla para hacerla más fuerte. Esta sería la poda de invierno de plantas femeninas. 

En el caso de las masculinas, se podará buscando un mayor número de flores que polinicen, eliminando así las cañas y ramas débiles, buscando que se fortalezcan, y de igual manera las que den sombra a las femeninas. 

Aparte de estas podas de invierno, nos encontramos con podas de verano para ambos tipos, conocidas como podas de aclareo, que buscan en el caso de los árboles femeninos retirar ramas que no vayan a producir nada para así pelear contra lo que ya explicamos antes, que es que la planta se asfixie o que no consiga suficiente luz por sus propias ramas, y en caso de los árboles masculinos, una mejor polinización y el corte de ramas que den sombra a la hembra o sean débiles.

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